Analía y Eva salieron de la escuela. Era su primer día de clase. Hacía muy poco tiempo que se habían mudado a la ciudad y estaban bastante molestas con sus padres por ese cambio tan abrupto. Fue muy duro dejar a sus antiguos amigos.Tenían que empezar todo de nuevo. Debían adaptarse a sus nuevos compañeros del colegio y conocer nuevas amistades.
Analía tenía doce años y Eva quince. Las dos llamaban la atención por su belleza; eran altas y rubias.La mayor de las chicas tenía pecas en su rostro y la menor un lunar en su mejilla izquierda.
-¿Cómo te fue en la escuela, Analía?
- Bastante bien, aunque me aburrí un montón en la hora de matemática.
- Yo descubrí un chico muy lindo. No paraba de mirarme en el recreo ¡Quiero que sea mañana para volver a verlo! Es hermoso- comentó Eva.
Las chicas caminaban por la avenida principal del centro comercial. Un lugar muy bonito.
Los edificios, en su mayoría construidos a mediado del siglo xx, no eran muy altos (no superaban los tres pisos).Los locales comerciales, repletos de gente, estaban pintados, la mayor parte, de color blanco y rosa. Había por lo menos cinco árboles en cada cuadra. Y lo más llamativo era el bulevar adornado con rosas y claveles.
-Me encanta esta avenida. Se puede sentir el aroma de las flores y en los negocios se puede comprar cualquier cosa que se te ocurra. Me gustan las vidrieras de la casas de ropa que está a una cuadra de la escuela- dijo Analía.
Cuando se encontraban a punto de cruzar una de las calles, observaron que cuatro chicos se les acercaban.
-¿Analía ves es chico más alto?- preguntó Eva a su hermana.
-Sí, es muy apuesto.
-Es el muchacho del que te hablé. No me quitaba el ojo de encima.
Estaban a punto de cruzarse con el grupo de chicos, cuando uno de ellos (el admirador de Eva) se adelantó donde estaban las dos adolescentes, dejando atrás a sus amigos.
-Hola, soy Nahuel. Eres nueva ¿no? Nunca te había visto en la escuela- preguntó a Eva.
-Hola. Soy Eva. Sí, llegamos a la ciudad hace un mes.
-¿Y te gusta esta ciudad Eva?
- Sí, claro. Esta avenida es preciosa.
-Sí, es cierto. Es la avenida Rosales, así se llama. Eva quería invitarte el sábado a mi casa. Haré una fiesta y vendrán compañeros del colegio. ¿Quieres venir?
-Sí, por supuesto, Nahuel- respondió, tímidamente, al mismo tiempo que le regalaba una sonrisa.
-¡Gracias! Toma; ésta es la invitación. ¡No faltes!
Nahuel se marchó muy feliz con sus amigos. No esperaba que Eva aceptase asistir a su fiesta.
-Estoy muy contenta, Analía. ¡Qué suerte que tuve! Ese chico me encanta. El paseo por esta avenida tan linda me trajo suerte.
Ya estaban a punto de girar en una de las esquina y abandonar la avenida Rosales, cuando Analía observo algo que le llamó la atención. En la vereda había un billete de cien dólares.
-¡Mira lo que encontré, Eva! ¡También es mi día de suerte. Una suerte muy diferente a la tuya, por supuesto.
- ¡Felicitaciones, hermanita! Vamos a comprar con ese dinero las zapatillas para jugar al hockey que viste ayer.
Y de esa forma terminó el paseo de las dos simpáticas adolescentes por la llamativa y pintoresca avenida Rosales. Felices regresaron a su casa. Y cuando sus padres les preguntaron si les gustaba la ciudad, respondieron que amaban a la avenida Rosales y que de ahora en adelante la llamarían la “avenida de la buena suerte”.
"BLOG DE LITERATURA JUVENIL" Autor: Alejandro N. Santilli - santillialejandro781@gmail.com - Cuentos, Obras de Teatro breves y Poesia narrativa.
sábado, 2 de noviembre de 2013
viernes, 27 de septiembre de 2013
Hay una intrusa en mi escuela
-No deseo verte más. Ya me harté de ti,
Gutiérrez .Y no deseo que el próximo viernes vengas a mi cumpleaños. Aléjate de
mi vida- me dijo Diana.
-Pero no entiendo. ¿Me hablas en serio? ¿Qué
sucede? Ya compré el regalo para tus dulces dieciséis.
-Quémalo. No lo quiero.
Así terminó nuestra relación de amistad de
un año y tres meses, y así me perdí su
esperado cumpleaños. Pensar que estuve todo el año trabajando, después de la
escuela, y ahorrando dinero para su obsequio.
Nunca comprendí por qué Diana me abandonó sin darme una razón.
Los días pasaban. En los recreos no dejaba
de observarla. Estaba rara y hablaba con chicas con las que nunca había charlado
ni tenido trato antes. Además, su voz era más aguda. Y otra cosa que me llamo la
atención, es que sus ojos eran verdes y, repentinamente, cambiaron a
negros.
Todo resultaba muy extraño.
Lo
peor de todo es que me ignoraba como a un fantasma y me llamaba por mi apellido.
Y eso me dolía más.
-Gutiérrez, te odio- me dijo al pasar por
mi lado, en el momento de retirarnos de la escuela.
-¿Por qué, Diana? No entiendo tu actitud.
Yo era tu mejor amigo y de la nada me convertí en tu peor enemigo.
-Tú lo dijiste. Eras mi mejor amigo. Ya no
lo somos y por favor no me molestes más.
-¿Y qué haremos con el trabajo de lengua y
literatura? Debemos hacerlo juntos. Así lo decidió la profesora Rojas.
Si no lo presentamos, nos aplazaran en esa asignatura.
No respondió y se marchó.
El trabajo práctico que debimos hacer
ambos, lo preparé yo como pude, sin embargo no gusto a la Sra. Rojas, nuestra
docente. Le pareció un desastre, según sus palabras.
Transcurrieron los meses y mi tristeza
crecía. Me sentía desganado; ya no quería ir más a la escuela. Me rompía el
corazón ver a Diana. No era mi novia, pero yo la amaba como amiga. Éramos
compinches. Pasábamos todas las tardes juntos haciendo las tareas del colegio.
Los sábados íbamos al cine y a veces a bailar.
Nunca pasó nada entre nosotros. De entrada
quedo claro de que seríamos amigos. Los mejores amigos. Y así fue hasta ese
trágico día en que me expulsó abruptamente de su vida.
Una noche me desvelé. Me dirigí a la cocina
a preparar un vaso de leche tibia. En ese entonces escuche un fuerte maullido.
Me sobresalté. Abrí la puerta de la entrada de mi casa y vi dos gatos idénticos
de color blanco. Estaban sentaditos en el jardín y daba la sensación de que me
observaban.
“Dos gatos”. Parecen gemelos, pensé. ¡Sí, gatos
gemelos! ¡gemelas! Diana no es Diana. Una luz iluminó mi cerebro. La imbécil
que ocupa su lugar es su gemela o,
aunque no sabría explicarlo, su doble. Parecía un delirio, pero yo estaba
seguro de que había algo raro y anormal.
Al día siguiente se lo comenté a la
directora de la escuela.
-Gutiérrez, creo que usted necesita
asistencia psicológica urgente. De dónde saca esa idea tan absurda- respondió
la máxima autoridad del colegio.
Durante un tiempo estuve
obsesionado con la idea de las gemelas. Fue entonces que tuve una idea.
Investigaría a fondo el asunto. Me transformaría en el primer detective
adolescente.
Me puse una peluca rubia, anteojos para sol
y me cambié de ropa. Así adopté una imagen casi detectivesca. Me estaba tomando muy en serio mi trabajo.
Después de la clase de gimnasia decidí
seguirla. Dalma se dirigía a los suburbios, a la parte más humilde de la ciudad. Y
fue allí donde descubrí la verdad. La supuesta
“intrusa” había ingresado a una casa muy precaria
y por la ventana pude ver a la verdadera Diana, postrada en la cama, sumida en
un coma profundo.
Todavía
no podía creer que Diana no era Diana. A pesar de que lo intuí inconscientemente
en su fría mirada cuando me maltrató y concluyó nuestra relación, no tenía la
certeza para hacer ningún tipo de acusación.
Rompí el vidrio de la puerta trasera de la
vivienda, giré el picaporte y silenciosamente me dirigí al cuarto donde estaba
prisionera Diana.
-¡Qué demonios haces aquí! ¡Me seguiste
maldito!- dijo la farsante al descubrirme.
-¿Quién eres, maldita sea?
-No debo darte explicaciones a ti. Lo único
que te diré es que estoy recuperando lo que de niña me robaron.
-No permitiré que lastimes a Diana. ¿Qué le
hiciste? ¡Eres una perversa!
En ese momento, me arroje sobre ella.
Forcejeamos en el piso. Tenía mucha fuerza. Pude pararme, vi un florero en una
cómoda, lo tomé y le reventé la cabeza con la pieza de porcelana. La dejé inconsciente.
Llamé a la policía con mi celular. Dos
oficiales entraron al lugar y de esa manera la historia de terror que vivimos
finalizó. Rescataron a Diana y apresaron a la “intrusa”.
Más tarde me enteré de algo que siempre me ocultó mi
amiga. Tenía una hermana gemela.
Cuando
nacieron, su familia no tenía recursos y entregaron a una de las niñas a una
familia muy humilde.
En
ese entonces, los padres de Diana Bell eran también pobres y no podían mantener
a dos hijas. La decisión les dolió, pero no tenían otra opción.
Al
año, la familia Bell, gano la lotería nacional y se transformaron en ricos.
Compraron mansiones y yates. Diana se crio en una cuna de oro.
Dalma,
el verdadero nombre de la beba entregada, creció con mucho resentimiento en la
más extrema de las pobrezas. Durante el último año elaboró el horripilante plan
de sustituir a su hermana y hacerse pasar por ella para vivir cómodamente.
Lo
curioso del mencionado plan es que Dalma no asesino a Diana. Tal vez, en el
fondo, nunca olvido que era sangre de su sangre. Solamente la drogó durante
meses. Todas las tardes la despertaba, la alimentaba, la bañaba y le sacaba
información para continuar con su enfermizo juego.
-Hola,
Diana. No sabes cuánto te extrañé. ¿Por qué no me dijiste que tenías una
hermana gemela?- le pregunté al otro día en el hospital donde estaba
recuperándose.
-Es
una historia muy dolorosa que mi familia nunca asimilo. Te juro que desde hace
años tenía en mente buscar a mi hermana, pero mis padres desconocían su
paradero actual. Su familia se mudó y le perdimos el rastro. Papá hizo todo lo
posible para hallar a Dalma.
-¿Y
qué sucederá con ella?
-Estará
unos meses en prisión.
Cuando,
Dalma fue liberada de la cárcel, fue recibida y adoptada por la familia Bell.
Le perdonaron todo lo que hizo y al año siguiente la anotaron en la misma
escuela que cursamos Diana y yo.
Con
el tiempo, la herida sanó y yo me hice amigo de Dalma, provocándole un poco de
celos a Diana.
Sin
embargo, mi gran amiga fue, es y será ella, mi querida Diana Bell.
Daniela y el fantasma del océano
Tras la muerte de mis padres, ambos
fallecieron de tuberculosis, abandoné la casa de mi
infancia y me fui a vivir a la casa unos tíos lejanos. Me sentía deprimida y
triste. La melancolía me abrumaba.
¿Qué haría con mi vida? Tenía treces años y
lo único que deseaba era morirme.
No conocía a mis tíos. Solamente sabía que
no tenían hijos, eran ancianos y vivían en el sur.
Cuando llegué al pueblo era de noche. El
tren se había retrasado dos horas en una de las estaciones.
Mis objetos personales ya estaban en la
casa; los habian llevaron hacia dos semanas. Así que solamente tenía que llegar e
instalarme.
-Bienvenida, Daniela. Este será tu nuevo
hogar. Lamento mucho la muerte de tus padres- dijo mi tío Humberto.
-Gracias- respondí.
-Te prepararé la cena, niña. Si quieres
puedes bañarte e ir a tu cuarto a cambiarte de ropa. Te ves bastante sucia.
-Está bien, tía Elena. Lo haré.
La vivienda estaba a cincuenta metros de la
playa. La vista al mar era fabulosa. Desde mi habitación podía escuchar el
sonido de las olas.
Después de cenar, exploré la casa. En uno de los cuartos
había una biblioteca repleta de libros de literatura esotérica. Era muy raro encontrar esa clase de libros, a
no ser que los habitantes de ese lugar fueran brujos o magos. Me sorprendió ese hallazgo.
Tomé uno de los volúmenes apilados en uno
de sus estantes y me senté en uno de los sofás. El título del libro era
“Hechizos y fantasmas”. Sentí curiosidad y lo empecé a hojear. Previamente me
había preparado una taza de leche en la cocina, sin que mis tíos lo
descubrieran y comí una barra de chocolate que tenía guardado en mi mochila.No
me pregunte por qué, pero percibía una
presencia que me observaba. Seguí leyendo un largo rato hasta que el sueño se
apoderó de mí.
Me desperté sobresaltada al escuchar un
ruido en la ventana del cuarto. Algo había destruido uno de los vidrios. Me
levanté, la penumbra invadía todo el cuarto (iluminado solo por un antiquísimo velador). Me acerqué a la ventana y descubrí
que una gaviota se había estrellado contra el vidrío. Sus restos ensangrentados
estaban en el suelo. El miedo se apoderó
de mi cuerpo, pero en seguida me controlé y pude superarlo.
Estaba cansada, pues el día había sido muy
largo. Estaba a punto de dirigirme a mi cuarto e irme directamente a la cama
cuando el grito de una mujer quebró el silencio de la noche.
Mi corazón se paralizo del terror.
¡Qué sucede! ¿Qué está ocurriendo? ¡Debo
salir, el grito proviene de la playa! Tal vez alguien necesite ayuda.
Mis tíos dormían. Busque la llave, abrí la
puerta de la casona y salí corriendo hacia el mar, en dirección al muelle.
Una imagen fantasmal pedía auxilio. Me
acerqué a la orilla del mar. A quince metros de donde me encontraba parado pude
ver a una mujer, vestida de blanco, con un velo del mismo color.
¡Niña, ayúdame!- gritó al verme.
Al observarla, instintivamente me arroje al
agua. Me olvidé de esa mujer y me ocurrio algo muy extraño; la depresión me invadió. Quería tragarme toda el
agua del mar y morir, morir y morir.Sólo quería hundirme y sentir una lenta
agonía acuática.
Una mano me agarro del cuello. Era el
espectro que imploraba auxilio.
-¡Estas muerta! Maldita sea. Déjame morir-
le grité.
-¡Niña, ayúdame!- seguía diciéndome el
espectro, al mismo tiempo que me abrazaba y con una de sus manos metía mi cabeza
debajo del agua para ahogarme.
Ya no tenía opción de regresar a la orilla.
Estaba a doscientos metros de la costa y no sabía nadar.
Cerré los ojos y me entregue a la muerte.
Desperté en la playa con los primeros rayos
del alba. Había sobrevivido. No sé cómo lo hice. Desconozco como logré llegar a la costa.
“¿Y que sucedió con el fantasma?”, pensé.
-No lo sé- respondí en voz alta.
No obstante, tenía la certeza de que al
observar a ese fantasma, tuve un impulso suicida. Quería acabar con mi
existencia para siempre. Tal vez mi tristeza era consecuencia de la muerte de
mis padres.
Al día siguiente abandoné la casona.Me daba
terror permanecer en ese sitio maldito. Decidí escaparme.Escribí una carta de
despedida a mis familiares para que no sintieran culpa por mi partida, preparé
mi equipaje, tomé el tren y me dirigí a la ciudad más lejana. No quería que
nadie me encontrara.Mucho tiempo después me enteré de que mis tíos me buscaron,
pero como no me hallaron, me olvidaron
rápidamente. Actualmente vivo en un orfanato para adolescentes.
Con el transcurso de los años, me olvidé de
ese suceso tan extraño vivido en la casona de mis familiares. Sin embargo,
algunas noches, antes de conciliar el sueño me parece oír
que alguien susurra a mi oído:
-¡Niña, ayúdame!
lunes, 23 de septiembre de 2013
La muñequita de la juguetería (poema original)
María es una simpática muñequita
que vive en una juguetería.
Ella se esconde en el fondo de las estanterías,
pues teme algún día ser vendida.
María, la muñequita de la juguetería,
tiene muchísimos amigos,
pero sus más queridos son
Ramón, el camión;
Tito, el soldadito;
Martín, el violín;
y Marcos, el gran barco.
Con ellos es muy feliz
y la vida no es tan dura,
pues juntos viven y planean grandes aventuras.
María, la muñequita de la juguetería,
cada tarde pasea en un trencito de juguete,
y realmente a lo grande se divierte.
Y con él recorre pintorescas estaciones,
y para todos los presentes entona bellas canciones.
Cuando no es vista por el dueño de la tienda,
rápidamente improvisa una deliciosa merienda
e invita a todas sus amistades,
que incluye a juguetes de todas las edades.
Todas las noches,
María, la muñequita de la juguetería,
viaja a una luna fabricada en cartón,
que forma parte de la decoración,
y desde esa tierra no tan lejana a todos saluda con muchísima emoción.
¡Qué no daría María por vivir siempre en esa antigua juguetería!
Cuando María se siente cansada
visita a su amiga, la pequeña hada
y pide prestada su cómoda cama,
y duerme y duerme hasta que se le da las ganas.
María es una alegre muñequita
que habita en una divertida juguetería.
Ella se esconde en el fondo de las estanterías,
pues teme algún día ser vendida...
que vive en una juguetería.
Ella se esconde en el fondo de las estanterías,
pues teme algún día ser vendida.
María, la muñequita de la juguetería,
tiene muchísimos amigos,
pero sus más queridos son
Ramón, el camión;
Tito, el soldadito;
Martín, el violín;
y Marcos, el gran barco.
Con ellos es muy feliz
y la vida no es tan dura,
pues juntos viven y planean grandes aventuras.
María, la muñequita de la juguetería,
cada tarde pasea en un trencito de juguete,
y realmente a lo grande se divierte.
Y con él recorre pintorescas estaciones,
y para todos los presentes entona bellas canciones.
Cuando no es vista por el dueño de la tienda,
rápidamente improvisa una deliciosa merienda
e invita a todas sus amistades,
que incluye a juguetes de todas las edades.
Todas las noches,
María, la muñequita de la juguetería,
viaja a una luna fabricada en cartón,
que forma parte de la decoración,
y desde esa tierra no tan lejana a todos saluda con muchísima emoción.
¡Qué no daría María por vivir siempre en esa antigua juguetería!
Cuando María se siente cansada
visita a su amiga, la pequeña hada
y pide prestada su cómoda cama,
y duerme y duerme hasta que se le da las ganas.
María es una alegre muñequita
que habita en una divertida juguetería.
Ella se esconde en el fondo de las estanterías,
pues teme algún día ser vendida...
domingo, 15 de septiembre de 2013
Mis diecisiete años: vocación y dudas (*)
Querido diario:
Tengo muchas preguntas,
y las respuestas están muy lejos.
Por eso, esta vez,
te pediré un humilde consejo.
Soy consciente
de que dentro de poco
dejaré de ser una adolescente;
y tengo una terrible impresión:
desconozco qué será de mi vida,
de mi porvenir y de mi vocación.
Faltan meses para terminar la escuela
y pensar qué estudiar
es realmente un horrible dolor de muela.
Querido diario:
No quiero equivocarme,
ni decepcionar a mis padres,
ni a mis seres queridos,
ni a mis amigos.
Sé que siempre sueles
estar de acuerdo conmigo,
pero tengo terror al pensar en mi futuro;
no deseo que sea un camino erróneo y oscuro.
Querido diario:
Estoy plagada de interrogantes
y de inciertas dudas,
y reconozco que por esta vez,
requeriré un poquito de ayuda.
Querido diario:
Tengo diecisiete años;
no soy una niña,
aunque amo dormir abrazada
a mi querido oso de peluche;
y a pesar de que nadie me escuche,
tampoco soy una mujer.
Y me duele la cabeza
cada vez que pienso y me dicen
lo que debo hacer.
Querido diario:
Prometo comprometerme
y luchar con mis miedos,
pues estoy muy segura
que decidirme y ser feliz yo puedo.
Querido diario:
Anhelo que el mañana sea una extraña,
intrigante y misteriosa fragancia,
con aroma a sacrificio
y mucha perseverancia.
Querido diario:
En un dulce y nostálgico sueño,
recordaré mi añorada infancia;
les rogaré a mi príncipe azul,
a mis amados duendes y a mis traviesas hadas,
que me bendigan, me den valor
y no me suceda nada de nada.
Querido Diario:
Sé que he crecido
y ha pasado el tiempo;
mi niñez y mis muñecas
se las ha llevado injustamente el viento.
Pero tengo la convicción de que maduré
y me considero responsable,
sin embargo, necesito a alguien
que me apoye, que me escuche y que me hable.
Querido Diario:
Enséñame a ser libre
y a encontrar mi camino,
que será mi destino.
Querido Diario:
Confía en mí,
no seré testadura;
pediré, como te he dicho antes,
algo de ayuda.
Porque tengo la mágica sensación
de que este es el momento y el lugar
para descubrir y conocer mi vocación.
(*) Extracto del diario de Antonella.
Tengo muchas preguntas,
y las respuestas están muy lejos.
Por eso, esta vez,
te pediré un humilde consejo.
Soy consciente
de que dentro de poco
dejaré de ser una adolescente;
y tengo una terrible impresión:
desconozco qué será de mi vida,
de mi porvenir y de mi vocación.
Faltan meses para terminar la escuela
y pensar qué estudiar
es realmente un horrible dolor de muela.
Querido diario:
No quiero equivocarme,
ni decepcionar a mis padres,
ni a mis seres queridos,
ni a mis amigos.
Sé que siempre sueles
estar de acuerdo conmigo,
pero tengo terror al pensar en mi futuro;
no deseo que sea un camino erróneo y oscuro.
Querido diario:
Estoy plagada de interrogantes
y de inciertas dudas,
y reconozco que por esta vez,
requeriré un poquito de ayuda.
Querido diario:
Tengo diecisiete años;
no soy una niña,
aunque amo dormir abrazada
a mi querido oso de peluche;
y a pesar de que nadie me escuche,
tampoco soy una mujer.
Y me duele la cabeza
cada vez que pienso y me dicen
lo que debo hacer.
Querido diario:
Prometo comprometerme
y luchar con mis miedos,
pues estoy muy segura
que decidirme y ser feliz yo puedo.
Querido diario:
Anhelo que el mañana sea una extraña,
intrigante y misteriosa fragancia,
con aroma a sacrificio
y mucha perseverancia.
Querido diario:
En un dulce y nostálgico sueño,
recordaré mi añorada infancia;
les rogaré a mi príncipe azul,
a mis amados duendes y a mis traviesas hadas,
que me bendigan, me den valor
y no me suceda nada de nada.
Querido Diario:
Sé que he crecido
y ha pasado el tiempo;
mi niñez y mis muñecas
se las ha llevado injustamente el viento.
Pero tengo la convicción de que maduré
y me considero responsable,
sin embargo, necesito a alguien
que me apoye, que me escuche y que me hable.
Querido Diario:
Enséñame a ser libre
y a encontrar mi camino,
que será mi destino.
Querido Diario:
Confía en mí,
no seré testadura;
pediré, como te he dicho antes,
algo de ayuda.
Porque tengo la mágica sensación
de que este es el momento y el lugar
para descubrir y conocer mi vocación.
(*) Extracto del diario de Antonella.
Lorena y su mágico castillo de arena
Las vacaciones de Lorena,
realmente valieron la pena,
pues un día de verano,
aburrida de estar con su travieso hermano,
se puso su rosada malla,
y muy contenta
fue a pasar un buen rato en la playa.
Allí, Lorena, construyó un bonito
castillo de arena.
Y dentro de él,
todas las noches,
prepara una rica y suculenta cena.
Lorena construyó un bonito
castillo de arena.
Y cada tarde,
en el gran salón real,
tomá el té con su mejor amiga, Magdalena.
Lorena construyó un
bonito, pintoresco y asombroso
castillo de arena.
Y la gente no deja de maravillarse,
y les cuesta creer
que lo fabricó una pequeña nena.
Lorena construyó un bonito
castillo de arena.
Y demás está decir,
que allí recibe e invita a jugar
a todas las niñas obedientes y buenas.
Lorena construyó un bonito
castillo de arena.
Para refugiarse del sofocante sol,
cuando éste, a su blanca piel, maltrata y quema.
Lorena construyó un bonito
castillo de arena.
Y desde una de las torres,
sentada en una de sus almenas,
saluda siempre a los delfines y a alguna sirena.
Lorena construyó un bonito
castillo de arena.
Y todos están preocupados,
porque de su nuevo y fantástico escondite nunca sale;
y prácticamente ya no ve a sus padres.
Lorena construyó un bonito
castillo de arena.
Y allí, la lectura de cuentos y fábulas,
resulta agradable y muy amena.
Lorena construyó un bonito
castillo de arena.
Y cada mañana, bien temprano,
muy feliz desayuna con cereales y avena.
Lorena construyó un bonito
castillo de arena.
Y con su mágico telescopio,
contempla con pasión las estrellas y la luna llena.
Lorena construyó un hermoso y soñado
castillo de arena...
realmente valieron la pena,
pues un día de verano,
aburrida de estar con su travieso hermano,
se puso su rosada malla,
y muy contenta
fue a pasar un buen rato en la playa.
Allí, Lorena, construyó un bonito
castillo de arena.
Y dentro de él,
todas las noches,
prepara una rica y suculenta cena.
Lorena construyó un bonito
castillo de arena.
Y cada tarde,
en el gran salón real,
tomá el té con su mejor amiga, Magdalena.
Lorena construyó un
bonito, pintoresco y asombroso
castillo de arena.
Y la gente no deja de maravillarse,
y les cuesta creer
que lo fabricó una pequeña nena.
Lorena construyó un bonito
castillo de arena.
Y demás está decir,
que allí recibe e invita a jugar
a todas las niñas obedientes y buenas.
Lorena construyó un bonito
castillo de arena.
Para refugiarse del sofocante sol,
cuando éste, a su blanca piel, maltrata y quema.
Lorena construyó un bonito
castillo de arena.
Y desde una de las torres,
sentada en una de sus almenas,
saluda siempre a los delfines y a alguna sirena.
Lorena construyó un bonito
castillo de arena.
Y todos están preocupados,
porque de su nuevo y fantástico escondite nunca sale;
y prácticamente ya no ve a sus padres.
Lorena construyó un bonito
castillo de arena.
Y allí, la lectura de cuentos y fábulas,
resulta agradable y muy amena.
Lorena construyó un bonito
castillo de arena.
Y cada mañana, bien temprano,
muy feliz desayuna con cereales y avena.
Lorena construyó un bonito
castillo de arena.
Y con su mágico telescopio,
contempla con pasión las estrellas y la luna llena.
Lorena construyó un hermoso y soñado
castillo de arena...
Lucía en el mundo de la fantasía
¡Regresa, Lucía, a tu mundo de fantasía!
Regresa a tu cuarto
y pídele a tu amiga la brujita
que te entretenga un rato.
¡Regresa, Lucía, a tu mundo de fantasía!
Sé buena y diles a tus vecinos, los dragones,
que te protejan de los malvados ladrones.
¡Regresa, Lucía, a tu mundo de fantasía!
Habitado por hadas, princesas, magos y duendes,
pues tú sabes que ellos de tu imaginación dependen.
¡Regresa, Lucía, a tu mundo de fantasía!
Y olvídate del reino de los adultos;
te dará pánico y muchísimo susto,
y jamás te sentirás a gusto.
¡Regresa, Lucía, a tu mundo de fantasía!
E ignora el reflejo de tu mágico espejo;
tú siempre serás pequeña,
y la protagonista de los cuentos que sueñas.
¡Regresa, Lucía, a tu mundo de fantasía!
A ese mundo que una noche soñaste,
y con tu varita mágica
con ternura e ilusión creaste.
¡Regresa, Lucía, a tu mundo de fantasía!
Y procura siempre que tus sueños permanezcan,
y que tu eterna inocencia jamás se desvanezca.
¡Regresa, Lucía, a tu mundo de fantasía!
Regresa a tu cuarto
y pídele a tu amiga la brujita
que te entretenga un rato.
¡Regresa, Lucía, a tu mundo de fantasía!
Sé buena y diles a tus vecinos, los dragones,
que te protejan de los malvados ladrones.
¡Regresa, Lucía, a tu mundo de fantasía!
Habitado por hadas, princesas, magos y duendes,
pues tú sabes que ellos de tu imaginación dependen.
¡Regresa, Lucía, a tu mundo de fantasía!
Y olvídate del reino de los adultos;
te dará pánico y muchísimo susto,
y jamás te sentirás a gusto.
¡Regresa, Lucía, a tu mundo de fantasía!
E ignora el reflejo de tu mágico espejo;
tú siempre serás pequeña,
y la protagonista de los cuentos que sueñas.
¡Regresa, Lucía, a tu mundo de fantasía!
A ese mundo que una noche soñaste,
y con tu varita mágica
con ternura e ilusión creaste.
¡Regresa, Lucía, a tu mundo de fantasía!
Y procura siempre que tus sueños permanezcan,
y que tu eterna inocencia jamás se desvanezca.
¡Regresa, Lucía, a tu mundo de fantasía!
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