viernes, 27 de septiembre de 2013

Hay una intrusa en mi escuela


-No deseo verte más. Ya me harté de ti, Gutiérrez .Y no deseo que el próximo viernes vengas a mi cumpleaños. Aléjate de mi vida- me dijo Diana.
-Pero no entiendo. ¿Me hablas en serio? ¿Qué sucede? Ya compré el regalo para tus dulces dieciséis.
-Quémalo. No lo quiero.
Así terminó nuestra relación de amistad de un año y tres meses,  y así me perdí su esperado cumpleaños. Pensar que estuve todo el año trabajando, después de la escuela, y ahorrando dinero para su obsequio.
Nunca comprendí por qué Diana me abandonó sin darme una razón.
Los días pasaban. En los recreos no dejaba de observarla. Estaba rara y hablaba con chicas con las que nunca había charlado ni tenido trato antes. Además, su voz era más aguda. Y otra cosa que me llamo la atención, es que sus ojos eran verdes y, repentinamente, cambiaron a negros.
Todo resultaba muy extraño.
Lo peor de todo es que me ignoraba como a un fantasma y me llamaba por mi apellido. Y eso me dolía más.
-Gutiérrez, te odio- me dijo al pasar por mi lado, en el momento de retirarnos de la escuela.
-¿Por qué, Diana? No entiendo tu actitud. Yo era tu mejor amigo y de la nada me convertí en tu peor enemigo.
-Tú lo dijiste. Eras mi mejor amigo. Ya no lo somos y por favor no me molestes más.
-¿Y qué haremos con el trabajo de lengua y literatura? Debemos hacerlo juntos. Así lo decidió la profesora  Rojas.  Si no lo presentamos, nos aplazaran en esa asignatura.
No respondió y se marchó.
El trabajo práctico que debimos hacer ambos, lo preparé yo como pude, sin embargo no gusto a la Sra. Rojas, nuestra docente. Le pareció un desastre, según sus palabras.
Transcurrieron los meses y mi tristeza crecía. Me sentía desganado; ya no quería ir más a la escuela. Me rompía el corazón ver a Diana. No era mi novia, pero yo la amaba como amiga. Éramos compinches. Pasábamos todas las tardes juntos haciendo las tareas del colegio. Los sábados íbamos al cine y a veces a bailar.
Nunca pasó nada entre nosotros. De entrada quedo claro de que seríamos amigos. Los mejores amigos. Y así fue hasta ese trágico día en que me expulsó abruptamente de su vida.
Una noche me desvelé. Me dirigí a la cocina a preparar un vaso de leche tibia. En ese entonces escuche un fuerte maullido. Me sobresalté. Abrí la puerta de la entrada de mi casa y vi dos gatos idénticos de color blanco. Estaban sentaditos en el jardín y daba la sensación de que me observaban.
“Dos gatos”. Parecen gemelos, pensé. ¡Sí, gatos gemelos! ¡gemelas! Diana no es Diana. Una luz iluminó mi cerebro. La imbécil que ocupa su lugar es su gemela  o, aunque no sabría explicarlo, su doble. Parecía un delirio, pero yo estaba seguro de que había algo raro y anormal.
Al día siguiente se lo comenté a la directora de la escuela.
-Gutiérrez, creo que usted necesita asistencia psicológica urgente. De dónde saca esa idea tan absurda- respondió la máxima autoridad del colegio. 
Durante un tiempo estuve obsesionado con la idea de las gemelas. Fue entonces que tuve una idea. Investigaría a fondo el asunto. Me transformaría en el primer detective adolescente.
Me puse una peluca rubia, anteojos para sol y me cambié de ropa. Así adopté una imagen casi detectivesca. Me estaba tomando muy en serio mi trabajo.
Después de la clase de gimnasia decidí seguirla. Dalma se dirigía a los suburbios, a la parte más humilde de la ciudad. Y fue allí donde descubrí la verdad. La supuesta “intrusa” había ingresado a una casa muy precaria y por la ventana pude ver a la verdadera Diana, postrada en la cama, sumida en un coma profundo.
Todavía no podía creer que Diana no era Diana. A pesar de que lo intuí inconscientemente en su fría mirada cuando me maltrató y concluyó nuestra relación, no tenía la certeza para hacer ningún tipo de acusación.
Rompí el vidrio de la puerta trasera de la vivienda, giré el picaporte y silenciosamente me dirigí al cuarto donde estaba prisionera Diana.
-¡Qué demonios haces aquí! ¡Me seguiste maldito!- dijo la farsante al descubrirme.
-¿Quién eres, maldita sea?
-No debo darte explicaciones a ti. Lo único que te diré es que estoy recuperando lo que de niña me robaron.
-No permitiré que lastimes a Diana. ¿Qué le hiciste? ¡Eres una perversa!
En ese momento, me arroje sobre ella. Forcejeamos en el piso. Tenía mucha fuerza. Pude pararme, vi un florero en una cómoda, lo tomé y  le reventé la cabeza con la pieza de porcelana. La  dejé inconsciente.
Llamé a la policía con mi celular. Dos oficiales entraron al lugar y de esa manera la historia de terror que vivimos finalizó. Rescataron a Diana y apresaron a la “intrusa”.
Más tarde me enteré de algo que siempre me ocultó mi amiga. Tenía una hermana gemela.
Cuando nacieron, su familia no tenía recursos y entregaron a una de las niñas a una familia muy humilde.
En ese entonces, los padres de Diana Bell eran también pobres y no podían mantener a dos hijas. La decisión les dolió, pero no tenían otra opción.
Al año, la familia Bell, gano la lotería nacional y se transformaron en ricos. Compraron mansiones y yates. Diana se crio en una cuna de oro.
Dalma, el verdadero nombre de la beba entregada, creció con mucho resentimiento en la más extrema de las pobrezas. Durante el último año elaboró el horripilante plan de sustituir a su hermana y hacerse pasar por ella para vivir cómodamente. 
Lo curioso del mencionado plan es que Dalma no asesino a Diana. Tal vez, en el fondo, nunca olvido que era sangre de su sangre. Solamente la drogó durante meses. Todas las tardes la despertaba, la alimentaba, la bañaba y le sacaba información para continuar con su enfermizo juego.
-Hola, Diana. No sabes cuánto te extrañé. ¿Por qué no me dijiste que tenías una hermana gemela?- le pregunté al otro día en el hospital donde estaba recuperándose.
-Es una historia muy dolorosa que mi familia nunca asimilo. Te juro que desde hace años tenía en mente buscar a mi hermana, pero mis padres desconocían su paradero actual. Su familia se mudó y le perdimos el rastro. Papá hizo todo lo posible para hallar a Dalma.
-¿Y qué sucederá con ella?
-Estará unos meses en prisión.
Cuando, Dalma fue liberada de la cárcel, fue recibida y adoptada por la familia Bell. Le perdonaron todo lo que hizo y al año siguiente la anotaron en la misma escuela que cursamos Diana y yo.
Con el tiempo, la herida sanó y yo me hice amigo de Dalma, provocándole un poco de celos a Diana.
Sin embargo, mi gran amiga fue, es y será ella, mi querida Diana Bell. 

Daniela y el fantasma del océano


Tras la muerte de mis padres, ambos fallecieron de tuberculosis, abandoné la casa de mi infancia y me fui a vivir a la casa unos tíos lejanos. Me sentía deprimida y triste. La melancolía me abrumaba.
¿Qué haría con mi vida? Tenía treces años y lo único que deseaba era morirme.
No conocía a mis tíos. Solamente sabía que no tenían hijos, eran ancianos y vivían en el sur.
Cuando llegué al pueblo era de noche. El tren se había retrasado dos horas en una de las estaciones.
Mis objetos personales ya estaban en la casa; los habian llevaron hacia dos semanas. Así que solamente tenía que llegar e instalarme.
-Bienvenida, Daniela. Este será tu nuevo hogar. Lamento mucho la muerte de tus padres- dijo mi tío Humberto.
-Gracias- respondí.
-Te prepararé la cena, niña. Si quieres puedes bañarte e ir a tu cuarto a cambiarte de ropa. Te ves bastante sucia.
-Está bien, tía Elena. Lo haré.
La vivienda estaba a cincuenta metros de la playa. La vista al mar era fabulosa. Desde mi habitación podía escuchar el sonido de las olas.
Después de cenar, exploré la casa. En uno de los cuartos había una biblioteca repleta de libros de literatura esotérica.  Era muy raro encontrar esa clase de libros, a no ser que los habitantes de ese lugar fueran brujos o magos.  Me sorprendió ese hallazgo.
Tomé uno de los volúmenes apilados en uno de sus estantes y me senté en uno de los sofás. El título del libro era “Hechizos y fantasmas”. Sentí curiosidad y lo empecé a hojear. Previamente me había preparado una taza de leche en la cocina, sin que mis tíos lo descubrieran y comí una barra de chocolate que tenía guardado en mi mochila.No me pregunte por qué, pero  percibía una presencia que me observaba. Seguí leyendo un largo rato hasta que el sueño se apoderó de mí.
Me desperté sobresaltada al escuchar un ruido en la ventana del cuarto. Algo había destruido uno de los vidrios. Me levanté, la penumbra invadía todo el cuarto (iluminado solo por un antiquísimo  velador). Me acerqué a la ventana y descubrí que una gaviota se había estrellado contra el vidrío. Sus restos ensangrentados estaban en el suelo.  El miedo se apoderó de mi cuerpo, pero en seguida me controlé y pude superarlo.
Estaba cansada, pues el día había sido muy largo. Estaba a punto de dirigirme a mi cuarto e irme directamente a la cama cuando el grito de una mujer quebró el silencio de la noche.
Mi corazón se paralizo del terror.
¡Qué sucede! ¿Qué está ocurriendo? ¡Debo salir, el grito proviene de la playa! Tal vez alguien necesite ayuda.
Mis tíos dormían. Busque la llave, abrí la puerta de la casona y salí corriendo hacia el mar, en dirección al muelle.
Una imagen fantasmal pedía auxilio. Me acerqué a la orilla del mar. A quince metros de donde me encontraba parado pude ver a una mujer, vestida de blanco, con un velo del mismo color.
¡Niña, ayúdame!- gritó al verme.
Al observarla, instintivamente me arroje al agua. Me olvidé de esa mujer y me ocurrio algo muy extraño; la depresión me invadió. Quería tragarme toda el agua del mar y morir, morir y morir.Sólo quería hundirme y sentir una lenta agonía acuática.
Una mano me agarro del cuello. Era el espectro que imploraba auxilio.
-¡Estas muerta! Maldita sea. Déjame morir- le grité.
-¡Niña, ayúdame!- seguía diciéndome el espectro, al mismo tiempo que me abrazaba y con una de sus manos metía mi cabeza debajo del agua para ahogarme.
Ya no tenía opción de regresar a la orilla. Estaba a doscientos metros de la costa y no sabía nadar.
Cerré los ojos y me entregue a la muerte.
Desperté en la playa con los primeros rayos del alba. Había sobrevivido. No sé cómo lo hice.  Desconozco como logré llegar a la costa.
“¿Y que sucedió con el fantasma?”, pensé.
-No lo sé- respondí en voz alta.
No obstante, tenía la certeza de que al observar a ese fantasma, tuve un impulso suicida. Quería acabar con mi existencia para siempre. Tal vez mi tristeza era consecuencia de la muerte de mis padres.
Al día siguiente abandoné la casona.Me daba terror permanecer en ese sitio maldito. Decidí escaparme.Escribí una carta de despedida a mis familiares para que no sintieran culpa por mi partida, preparé mi equipaje, tomé el tren y me dirigí a la ciudad más lejana. No quería que nadie me encontrara.Mucho tiempo después me enteré de que mis tíos me buscaron,  pero como no me hallaron, me olvidaron rápidamente. Actualmente vivo en un orfanato para adolescentes.
Con el transcurso de los años, me olvidé de ese suceso tan extraño vivido en la casona de mis familiares. Sin embargo, algunas noches, antes de conciliar el sueño me parece oír
que alguien susurra a mi oído:
-¡Niña, ayúdame!





lunes, 23 de septiembre de 2013

La muñequita de la juguetería (poema original)

María es una simpática muñequita
que vive en una juguetería.
Ella se esconde en el fondo de las estanterías,
pues teme algún día ser vendida.
María, la muñequita de la juguetería,
tiene muchísimos amigos,
pero sus más queridos son
Ramón, el camión;
Tito, el soldadito;
Martín, el violín;
y Marcos, el gran barco.
Con ellos es muy feliz
y la vida no es tan dura,
pues juntos viven y planean grandes aventuras.
María, la muñequita de la juguetería,
cada tarde pasea en un trencito de juguete,
y realmente a lo grande se divierte.
Y con él recorre pintorescas estaciones,
y para todos los presentes entona bellas canciones.
Cuando no es vista por el dueño de la tienda,
rápidamente improvisa una deliciosa merienda
e invita a todas sus amistades,
que incluye a juguetes de todas las edades.
Todas las noches,
María, la muñequita de la juguetería,
viaja a una luna fabricada en cartón,
que forma parte de la decoración,
y desde esa tierra no tan lejana a todos saluda con muchísima emoción.
¡Qué no daría María por vivir siempre en esa antigua juguetería!
Cuando María se siente cansada
visita a su amiga, la pequeña hada
y pide prestada su cómoda cama,
y duerme y duerme hasta que se le da las ganas.
María es una alegre muñequita
que habita en una divertida juguetería.
Ella se esconde en el fondo de las estanterías,
pues teme algún día ser vendida...

domingo, 15 de septiembre de 2013

Mis diecisiete años: vocación y dudas (*)

Querido diario:
Tengo muchas preguntas,
y las respuestas están muy lejos.
Por eso, esta vez,
te pediré un humilde consejo.
Soy consciente
de que dentro de poco
dejaré de ser una adolescente;
y tengo una terrible impresión:
desconozco qué será de mi vida,
de mi porvenir y de mi vocación.
Faltan meses para terminar la escuela
y pensar qué estudiar
es realmente un horrible dolor de muela.
Querido diario:
No quiero equivocarme,
ni decepcionar a mis padres,
ni a mis seres queridos,
ni a mis amigos.
Sé que siempre sueles
estar de acuerdo conmigo,
pero tengo terror al pensar en mi futuro;
no deseo que sea un camino erróneo y oscuro.
Querido diario:
Estoy plagada de interrogantes
y de inciertas dudas,
y reconozco que por esta vez,
requeriré un poquito de ayuda.
Querido diario:
Tengo diecisiete años;
no soy una niña,
aunque amo dormir abrazada
a mi querido oso de peluche;
y a pesar de que nadie me escuche,
tampoco soy una mujer.
Y me duele la cabeza
cada vez que pienso y me dicen
lo que debo hacer.
Querido diario:
Prometo comprometerme
y luchar con mis miedos,
pues estoy muy segura
que decidirme y ser feliz yo puedo.
Querido diario:
Anhelo que el mañana sea una extraña,
intrigante y misteriosa fragancia,
con aroma a sacrificio
y mucha perseverancia.
Querido diario:
En un dulce y nostálgico sueño,
recordaré mi añorada infancia;
les rogaré a mi príncipe azul,
a mis amados duendes y a mis traviesas hadas,
que me bendigan, me den valor
y no me suceda nada de nada.
Querido Diario:
Sé que he crecido
y ha pasado el tiempo;
mi niñez y mis muñecas
se las ha llevado injustamente el viento.
Pero tengo la convicción de que maduré
y me considero responsable,
sin embargo, necesito a alguien
que me apoye, que me escuche y que me hable.
Querido Diario:
Enséñame a ser libre
y a encontrar mi camino,
que será mi destino.
Querido Diario:
Confía en mí,
no seré testadura;
pediré, como te he dicho antes,
algo de ayuda.
Porque tengo la mágica sensación
de que este es el momento y el lugar
para descubrir y conocer mi vocación.


(*) Extracto del diario de Antonella.

Lorena y su mágico castillo de arena

Las vacaciones de Lorena,
realmente valieron la pena,
pues un día de verano,
aburrida de estar con su travieso hermano,
se puso su rosada malla,
y muy contenta
fue a pasar un buen rato en la playa.
Allí, Lorena, construyó un bonito
castillo de arena.
Y dentro de él,
todas las noches,
prepara una rica y suculenta cena.
Lorena construyó un bonito
castillo de arena.
Y cada tarde,
en el gran salón real,
tomá el té con su mejor amiga, Magdalena.
Lorena construyó un
bonito, pintoresco y asombroso
castillo de arena.
Y la gente no deja de maravillarse,
y les cuesta creer
que lo fabricó una pequeña nena.
Lorena construyó un bonito
castillo de arena.
Y demás está decir,
que allí recibe e invita a jugar
a todas las niñas obedientes y buenas.
Lorena construyó un bonito
castillo de arena.
Para refugiarse del sofocante sol,
cuando éste, a su blanca piel, maltrata y quema.
Lorena construyó un bonito
castillo de arena.
Y desde una de las torres,
sentada en una de sus almenas,
saluda siempre a los delfines y a alguna sirena.
Lorena construyó un bonito
castillo de arena.
Y todos están preocupados,
porque de su nuevo y fantástico escondite nunca sale;
y prácticamente ya no ve a sus padres.
Lorena construyó un bonito
castillo de arena.
Y allí, la lectura de cuentos y fábulas,
resulta agradable y muy amena.
Lorena construyó un bonito
castillo de arena.
Y cada mañana, bien temprano,
muy feliz desayuna con cereales y avena.
Lorena construyó un bonito
castillo de arena.
Y con su mágico telescopio,
contempla con pasión las estrellas y la luna llena.
Lorena construyó un hermoso y soñado
castillo de arena...

Lucía en el mundo de la fantasía

¡Regresa, Lucía, a tu mundo de fantasía!
Regresa a tu cuarto
y pídele a tu amiga la brujita
que te entretenga un rato.
¡Regresa, Lucía, a tu mundo de fantasía!
Sé buena y diles a tus vecinos, los dragones,
que te protejan de los malvados ladrones.
¡Regresa, Lucía, a tu mundo de fantasía!
Habitado por hadas, princesas, magos y duendes,
pues tú sabes que ellos de tu imaginación dependen.
¡Regresa, Lucía, a tu mundo de fantasía!
Y olvídate del reino de los adultos;
te dará pánico y muchísimo susto,
y jamás te sentirás a gusto.
¡Regresa, Lucía, a tu mundo de fantasía!
E ignora el reflejo de tu mágico espejo;
tú siempre serás pequeña,
y la protagonista de los cuentos que sueñas.
¡Regresa, Lucía, a tu mundo de fantasía!
A ese mundo que una noche soñaste,
y con tu varita mágica
con ternura e ilusión creaste.
¡Regresa, Lucía, a tu mundo de fantasía!
Y procura siempre que tus sueños permanezcan,
y que tu eterna inocencia jamás se desvanezca.
¡Regresa, Lucía, a tu mundo de fantasía!

Silvina todo lo acierta y adivina

"Tendrás una hermosísima
mansión con una lujosa piscina",
me afirmó Silvina,
mi compañera de la escuela,
que todo lo acierta y adivina.
A Silvina, la adolescente
que todo lo acierta y adivina,
el futuro le fascina.
Y en los recreos,
con ella no la pasamos mal,
pues nos predice nuestros destinos
con su infalible bola de cristal.
Silvina, mi amiga que
todo lo acierta y adivina,
es experta en tarot,
y doy fe
que es una genia leyendo
la borra del café.
"Te casarás con una joven
que todavía no nació
y será tu vecina",
me anticipó una tarde Silvina.
Esta demás afirmar y decir
que Silvina adivina
con precisión el porvenir.
"Serás rico y poseerás un chofer
y una costosísima limousina"
Me confeso Silvina,
la adolescente que todo
lo acierta y adivina.
Silvina tiene asombrosas premoniciones,
y en el colegio sus predicciones
causan increíbles sensaciones.
"Tendras dos preciosos hijos",
una noche Silvina me dijo,
y así mi futuro predijo.
Tengo una amiga que se
llama Silvina,
y todo lo acierta y adivina...